domingo, 11 de diciembre de 2011

Mamá



Después que murió mi
papá, fui a Roma en el año 2000, que era un año santo, no soy muy creyente, pero sentí la necesidad de confesarme. Fui a Santa María Maggiore y le dije al sacerdote que había muerto
mi papá y que no tenía fe, me dijo déjalo ir. Eso me hizo bien, creo.
Hace un mes se murió mi mamá, y el dolor es mucho mayor. Lo único que siento es dolor, vacio, soledad, no puedo pensar en otra cosa, pero en el fondo, ni siquiera lo puedo creer. Trato de estar ocupada todo el tiempo para no pensar, pero de golpe termino llorando por la calle. Todos los días estoy a punto de llamarla para contarle algo, veo en los negocios cosas que le podrían gustar y casi entro a comprarlas. No me convenzo que ya no esté. La extraño, la necesito.
Aunque tuve una relación fantástica con mi mamá, aunque sé lo que me diría en cada situación,
extraño su voz, necesito verla, necesito tocarla, y no puedo.
Soy una persona adulta. Nunca me sentí sola, ahora me siento en absoluta soledad, siento un
vacio profundo, me falta mi mamá.
Tuvo una buena vida, marido e hijos que la amaban y se ocupaban de ella, hermanas que también la
amaban y con las que tenía una relación excelente y que tampoco pueden convencerse de que ya no esté.
Después de enviudar se reencontró con su primer amor y estuvo con él, viajó por el mundo, a veces
con mi papá, otras veces conmigo, y en el final con su nueva pareja. Todos la querían. Era una buena persona. No tuvo nietos naturales, pero tuvo nietos de la vida que amó y que la aman.
Tuvo amigos.
Vivió como quiso y creo que no le quedó nada pendiente.
Esto me hace sentir bien.
Cristian, el hijo de una amiga, me dijo que nunca había visto en un velatorio una sensación igual,
de paz, de buena onda, que todo el mundo hablaba de mi mamá como que había disfrutado de la vida y había sido feliz.
Todo esto es así, pero la extraño, no puedo dejar de pensar que hoy estaría conmigo si no se hubiera hecho el estudio médico que la terminó matando. Mi mamá estaba sana.
Planeaba festejar su cumpleaños número 80 el 30-11. Estábamos organizando el festejo.
El 28 de agosto se hizo el estudio ordenado por un incompetente y hecho por un pobre tipo que la pasó muy mal y que no dejó de ocuparse de ver como evolucionaba el desastre. A la noche estaba
mal, la llevamos con mi hermano a la guardia. La internaron, la operaron de  urgencia, tenía una infección. Le extirparon el bazo y le hicieron una colostomía.
A la semana le dieron de alta.
Ya en su casa, cada vez le costaba más respirar, llamamos a una ambulancia, el médico inútil dijo que estaba estable, a la noche la llevamos al hospital por nuestra cuenta, tenía tromboembolia
pulmonar. La internaron nuevamente en terapia intensiva, con anticoagulantes. Después pasó a intermedia. El 16 de octubre, día de la madre, estaba muy bien. Me dijo que la enfermera le pidió que le llevemos perfume. Mientras estaba mi hermano con ella fui a comprar y le llevé desodorante y perfume, fue mu último regalo del día de la madre.
El jueves 20 de octubre fue la última vez que hablé con ella en estado normal. Tenía una infección hospitalaria. Me dijo que me fuera porque ya era el horario, se ve que estaba cansada, aunque pudo hacerlo en tono de broma y con sorna, tenía humor y gracia mi mamá, sus últimas palabras en estado de conciencia para mi fueron: chau mi amor.
A la mañana siguiente ya estaba en terapia intensiva y atada y sin poder hablar con coherencia, me decía sacame de acá, la tomé de las manos y así se calmó, asida a mí.
Fue la última vez que vi sus ojos color miel.
A partir de allí todo fue mal, primero intubación, luego traqueotomía, pero los médicos si bien decían que el estado era crítico, también decían que había esperanzas ya que la patología era buena, ya que no tenía ninguna enfermedad de base.
Con mi hermano fuimos todos los días en todo este tiempo (comenzó el drama el 28 de agosto y terminó el 8 de noviembre). Ibamos tres veces por día en la semana (una a escuchar el parte
médico y dos a estar con ella) y dos los fines de semana (en que el parte coincidía con el horario de visita). No dejamos de verla un solo día. La acompañamos todo el tiempo que se nos permitía, y eso me da un poco de paz.
El 7 de noviembre el médico en su informe del mediodía me dijo que le iban a empezar a bajar la sedación. Cuando por la noche abrió los ojos, estaban celestes, no me miró, su mirada iba hacia
arriba. Creí hasta ese momento que estaba mejorando, de acuerdo a lo que me había dicho el médico, y le dije que le estaban bajando la sedación, que se iba a recuperar de a poco, sin saberlo fue la primera vez en mi vida que le mentí a mi mamá. Y creo que el dolor que tengo en parte es que no me perdono no haberme dado cuenta y poder decirle que se fuera en paz. Le dije todo el tiempo mi amor
y que la quería, pero no le dije la verdad porque no la sabía.
A las 8 de la mañana estaba muerta.
Entramos a terapia intensiva con mi hermano y ya estaba fría. Yo no podía dejar de tocarla.
Desde el 16 de octubre no hablo con mi mamá, desde el 7 de noviembre no acaricio su brazo tibio.
Todo eso lo extraño.
Necesito tocarla, hablarle, escucharla. Y no está.
Aunque sepa lo que me diría en cada situación que se me presenta, no es igual. La necesito a ella.
Según los budistas, los vínculos que unen a las personas no son de esta existencia nada más. Debido
a que los que han muerto viven dentro de nosotros, nuestra felicidad está compartida de forma natural con ellos. Lo más importante para los que estamos vivos en este momento, es vivir con esperanza y esforzarnos para ser felices.
Al lograr nuestra propia felicidad podemos enviar “ondas” invisibles de felicidad a todos aquellos que han fallecido. Pero si nos permitimos agobiarnos por la tristeza, el difunto también sentirá esta tristeza, porque somos inseparables.
Cuando uno se enfrenta a una gran tragedia, pierde la dirección de su vida, tiene que decidir si mantener su espíritu y continuar viviendo con toda su fuerza o dejarse derrumbar por la decepción.
Luchando para sobreponernos a la pena y tristeza que acompaña a la muerte, nos hacemos más
conscientes de la dignidad de la vida y compartimos el sufrimiento de otros como el nuestro propio.
Lo voy a intentar, pero todavía no puedo.
Te extraño mucho mamita querida.

sábado, 5 de febrero de 2011

FRASE LATINA

De chiquita tuve que estudiar latín, al contrario que a la mayor parte de mis compañeras, a mí me gustaba, es más, estoy convencida que eso es lo que me permitió escribir y hablar con corrección, y que los errores ajenos me salten a los ojos o a los oidos como anuncios enormes que marcan la incorrección. Una de las máximas que mas me gustan es la que dice:
"Ab alio species facere quod feceris" (espera de otros, lo que a otros hayas hecho), no me acuerdo de quien es, pero es cierto. Sólo recibí bien en mi vida, y es lo que intenté hacer siempre. Creo que lo que recibimos es la devolución de lo que damos. Es importante prestar atención a lo que hacemos y decimos, a veces dañamos a otros aún sin querer, y es una pena. Estamos en el mundo tan poquito tiempo, que hay que aprovechar ese corto tiempo para ser feliz y esperar que los que nos rodean también lo sean.
Si todos pudieramos pensar en esto antes de actuar creo que el mundo sería un lugar mejor...

jueves, 19 de agosto de 2010

Uy ... no sé que hacer ¿ Y Uds..?

No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas (Lucio Anneo Séneca)
Se vé que tontos somos desde hace 2000 años por lo menos ...

miércoles, 11 de agosto de 2010

El discreto encanto de los hombres que son capaces de llorar

Es muy fuerte. Me puede, me descoloca, me conmueve.
No puedo ver un hombre llorando que me enamoro.
Por suerte a los hombres no se les da por hacerlo seguido delante mío, porque si no andaría por la vida cambiando de amores al tiempo de los llantos.
Sacando a mis amigos, la última vez que vi a un hombre llorar fue en el año 2005, éramos un grupo de ocho personas paseando por Aleppo, Siria, nos acompañaba un guía llamado Assad.
Hasta ese momento -hacía cuatro días que nos conocíamos- todo transcurrió con normalidad. Pero tuvo que pasar … fuimos a almorzar a Sissi House, un lugar precioso que recomiendo a quien pase por esa ciudad. Mientras conversábamos de cualquier cosa, Assad se puso a contar que hacía un año había tenido un accidente cerca de allí, que había estado algunos días internado, y de repente, se le empezaron a caer las lágrimas, y no podía hablar, nos contó que mientras estaba internado su madre había muerto y él no había podido llegar a despedirla. La situación era bien triste, conmovedora, a todos les dio pena, a mí también, pero con un agregado, me enamoré, ese mismo día comenzó nuestro romance, que duró lo que mi estadía en su país, pero precisamente por haber llorado, no fue un romance de esos que se olvidan. Aún hoy cada tanto recibo algún mail suyo. A veces contesto, a veces no, pero por esas lágrimas, Assad fue uno de los hombres importantes en mi vida.

domingo, 8 de agosto de 2010

Y hablando de los que envejecen bien ...



No sólo es buen compositor y cantante, sino que cada día está más atractivo. Viene en octubre a Buenos Aires a dar un show en el Coliseo ¿alguien quiere venir?

jueves, 5 de agosto de 2010

Pensamiento sobre el transcurso del tiempo (vale para hombres y mujeres)

“Los hombres son como los vinos: la edad agria los malos y mejora los buenos.” (Marco Tulio Cicerón, 106 AC-43 AC. Orador y político romano.)

domingo, 1 de agosto de 2010

El discreto encanto de los señores que aman el deporte (o lo que facilita el desenamoramiento cuando sólo aman mirarlo)

Será porque desde chica estoy acostumbrada a la actividad deportiva, no hay cosa que me atraiga más que los hombres que practican algún deporte, y no hablo de cuerpos bien moldeados, los tuve y no necesariamente es lo que hoy más me gusta de los hombres.
Mi papá en su juventud había jugado al básquet para River, yo comencé a practicar deporte desde muy chica y me dediqué al atletismo durante muchos años, durante los cuales -en una época en la que ni siquiera se podía imaginar algo así-, armé mi propio equipo de fútbol femenino.
Con el tiempo, tantas horas por día en el club, hicieron que me vinculara primordialmente con señores que practicaban deportes, los menos atletas.
Los más audaces eran en esa época los jugadores de fútbol, y había que ser audaz conmigo entonces, así que tuve un período en que me brindé en exclusividad a los señores que se dedicaban a esa noble profesión de patear o cabecear la pelotita. En consecuencia salí con unos cuantos futbolistas (que obviamente no eran lo que hoy son), en su mayoría eran señores bastante primitivos, incultos, pero eran lo que yo admiraba: personas que amaban el deporte y que eran habilidosos en él.
Cuando dejé la práctica no quise ver un gimnasio nunca más, excepto algún intento de mi amigo Fer de acercarme al gimnasio y al golf que duró lo que un suspiro, pero sigo intentando que me vengan las ganas, a la práctica que me inviten acepto gustosa aunque me canse rápidamente.
De todos modos seguí vinculada al deporte, trabajando para asociaciones deportivas a las que aún hoy asesoro, y saliendo con señores que jugaban al futbol y, con el paso del tiempo y la suma de años, hasta con algún súper atractivo y famoso referee internacional extranjero todavía en actividad y quasi “number one” que no voy a nombrar.
Ahora ya estoy en edad para directores técnicos (de hecho un par de ex hoy dirigen), pero no es lo que se presenta en esta etapa de mi vida.
Los hombres con los que hoy me vinculo lo más cerca del deporte que están es de sentarse frente al televisor a ver la Eurocopa (lo que no me disgusta, amo el fútbol bien jugado), pero es frustrante.
¿No me puede tocar alguna vez, aunque sea para despuntar el vicio, un señor que venga con las gotas de sudor sobre la cara a abrazarme?
Es más, hoy me conformo con alguno que baje del baúl del auto la bolsa con los palos de golf, pero no, lo que me toca en mi cruel destino es el que tiene la nariz pegada frente al LCD viendo el último partido de tenis, fútbol, o lo que se les ocurra … Triste el destino de una amante del deporte y los señores deportistas.